"Las arpilleras son como canciones que se pintan"

Nuestro propósito es claro: rescatar el legado visual de Violeta Parra de las sombras del olvido y la privatización, devolviéndolo al pueblo donde siempre debió estar. Violeta no creó sus obras para los museos ni coleccionistas privados; sus arpilleras brotaron de las ferias libres, de las manos callosas, de las injusticias que decidió bordar con hilos de denuncia.

Pero hoy, esas mismas obras que gritaban las verdades de los oprimidos están secuestradas en salas privadas o mansiones de millonarios, convertidas en objetos de lujo que traicionan todo lo que ella representó.

¿Cómo llegamos a esto? La dictadura en Chile fue el espacio propicio para que este despojo ocurriera. En aquellos años de oscuridad, cuando el terror buscaba borrar toda memoria popular, las obras de Violeta, esa voz incómoda que cantaba a los marginados, se convirtieron en blanco del saqueo sistemático. Muchas piezas fueron vendidas a precios miserables o simplemente robadas, mientras el régimen perseguía a quienes, como ella, habían alzado la voz.

Tras su muerte, en plena efervescencia represiva, su obra fue fragmentada, vendida al mejor postor, ocultada tras contratos opacos que beneficiaron a los mismos círculos de poder que apoyaban la dictadura. Algunas piezas desaparecieron en el mercado negro; otras fueron compradas por coleccionistas privados, que hoy las tratan como mercancía, lejos de las miradas del público.

Quienes callaron durante los años de represión, ahora usan su nombre para lavar su imagen, mientras niegan el acceso a sus obras. Es una ironía cruel: la artista que rechazó los círculos de poder ahora es explotada por estos mismos, alejándola de su esencia revolucionaria.

Nos negamos a aceptar este robo descarado. Usaremos la tecnología como herramienta de resistencia: digitalizamos lo que aún es público, recreamos lo que fue ocultado y lo compartimos en formatos abiertos para que cualquiera pueda descargarlo, intervenirlo y sentirlo propio. Queremos que su imagen vuelva a las calles, a las pantallas, a las manos de quienes siguen luchando.

Porque el arte de Violeta no es un bien privado, es memoria viva, y memoria que se encierra es memoria que se mata.

Esta es una denuncia abierta contra los que convirtieron su legado en mercancía. Exigimos transparencia: ¿dónde están las obras perdidas? ¿Quién se beneficia de su venta? Demandamos restitución: las obras de Violeta Parra deben ser patrimonio público, accesible a todos, no solo a quienes pueden pagar millones.

Y sobre todo, llamamos a la acción: difunde, reclama, únete a esta lucha. Porque mientras sus hilos sigan en manos de unos pocos, la obra de Violeta Parra seguirá incompleta.

Nosotros no nos callaremos. Por ella, por el pueblo y por el arte que nos pertenece a todos.